Orden Druida de México©
 
   
   Inicio / Nuestro Druidismo / Para el Druida... / Sentencias Neodruidas / Artículos / Mapa del Sitio / Contáctanos
  Artículos

 


Una aproximación al paganismo de la Orden Druida de México

La palabra “paganismo” es un término de uso universal desgastado hasta el cansancio, pero que, en realidad, no dice nada a nadie, se aplica indiscriminadamente a cualquier expresión espiritual que se viva fuera de las iglesias judeo-cristianas. Especialmente patéticos son sus vínculos con la antigüedad occidental, trátese de una idea real o imaginaria. De allí que el término “paganismo” haya degenerado en cientos de concepciones, muchas absurdas, otras radicales, que dejan confundidos incluso a los mismos paganos que las generan.

Esta situación se complica cuando movimientos que aparentemente se ajustan a lo que se supone significa “ser pagano”, reniegan de esa etiqueta por la misma razón que no hay claridad, y sí eclecticismo en ella; pues efectivamente, la indefinición del término no permite precisar movimientos reales con plena identidad. La complejidad de su definición comprende entender cómo el sentido del paganismo se permea en diferentes direcciones, que implican motivaciones de distinta índole que van: desde una noción política (aunque no sea declarada), filosófica, social, ideológica, de trasfondo socioeconómico hasta una moda cultural. En otras palabras, detrás de la historia del paganismo hay un determinismo económico, político y sociocultural ligado, ineludiblemente, al momentum histórico en occidente. En el peor de los casos, hay concepciones reduccionistas –o mejor dicho, que rozan el infantilismo– que creen que ser pagano es tener un pensamiento mágico.


Ante este panorama, la Orden Druida de México ha buscado siempre, desde los albores de su existencia, precisar su experiencia original y auténtica en un marco pagano determinado, en la medida en que los rasgos esenciales de nuestra fundación encajan dentro de prácticas sagradas de “antes de la era común”. Lo que es evidente –al observador externo– es que nuestro trabajo siempre se ha centrado en prácticas que representan nuevas alternativas de transformación de la conciencia, que es el motor, en última instancia, que nos guía; pero una transformación que al tener su origen en la experiencia, tiene de antemano su propia identidad.

Para nosotros, la definición de lo que somos en el vasto territorio pagano, viene a ser un asunto técnico con ciertos visos políticos, que culminó cuando la comunidad acordó asumirse como Tuatha dé Danann, es decir, “Pueblo de Dana”, pues no encontramos un apelativo más acorde a lo que realmente representamos y sentimos.

Así pues, nuestros vínculos con lo pagano no surgen de los mensajes “avatáricos” que muchos dicen experimentar para así atraer a personas deseosas del contacto con lo divino. Nosotros, al no ser proselitistas, estamos cansados de este tipo de personajes, así como de aquellos que se elevan como “bodhisattvas paganos” o “evangelizadores paganos” que elijen el camino fácil del “baño de burbujas” de la New Age, o que aprovechan el vacío existencial de las actuales generaciones. Nuestro paganismo no es resultado de una postura intelectual; por ello, no partimos de lecturas de libros ni de los hallazgos de otros movimientos o de las ideas creadas por algún esotérico o filósofo, conocido (por lo mismo irrefutable) o desconocido (y entonces considerado especialmente prometedor); sino de las necesidades, aspiraciones e ideales genuinos que inspiran a una comunidad real, del aquí (México) y del ahora (el tiempo de la Orden Druida de México©). Estamos partiendo de aquello que hemos experimentado en nuestra propia naturaleza humana como un colectivo comprometido con el mundo sagrado neodruida y con una inspiración en la poesía celta. Por eso vemos al paganismo como una herramienta de transformación y no como un derivado de construcciones filosófico-intelectuales arbitrarias.

Precisamente, la memoria que la experiencia nos ha dado en este sentido es lo que valida nuestros hallazgos, nuestras conclusiones, nuestra visión e incluso nuestras rectificaciones. Todo es resultado de un afinamiento de la praxis, de la experiencia creativa, del conocimiento con base en nuestra inspiración y sabiduría práctica que, al menos ésta, sí parte de una visión inspirada en un periodo concreto de la historia europea.

En nuestro drudismo, el trabajo intelectual es una mera herramienta al servicio de los métodos de transformación que hemos codificado. No existe en nosotros un fanatismo, ni una conexión “especial”, ni vínculos que nos relacionen de manera maniática e ineludible con una determinada cultura, ni por sangre, ni por casualidad, ni por ser “los elegidos”… a fin de cuentas, el nacimiento de nuestro paganismo es mágico, natural y libre. Cierto que todo forma parte de una elección personal; pero es un juego congruente en el que encontramos una matemática específica: sincronías, enseñanzas y cruces de camino que nos afirman, comprueban, refuerzan y retroalimentan en nuestro deseo de ser paganos neodruidas: Tuatha dé Danann.

Por lo mismo, nuestro desarrollo pagano se asemeja al crecer de un árbol y no a la construcción artificial de un edificio intelectual que, posteriormente, pueda derribarse con otra construcción equivalente pero nueva. Nosotros vamos a lo esencial del paganismo y lo llevamos al mundo: lo transformamos armonizando la realidad con nuestro estilo de vida y nuestras creencias, es decir, reencantamos el mundo. Nuestra poesía no requiere modelos ni modas externas a nosotros que después haya que hacer encajar en la realidad como algo ilusorio (tenemos ejemplos inacabables de lo que sucede cuando la fantasía nos seduce y convierte el paganismo en un mundo de hadas y de pretensiones chamánicas).

Para la Orden Druida de México©, la imitación burda de las formas de vida antigua no convierte a nadie en pagano; porque ser pagano neodruida es más una actitud interna y una praxis consecuente con nuestras creencias y nuestros compromisos. Aquí se viven valores retro, por eso ejercemos la alquimia, mantenemos estructuras y jerarquías acordes a nuestra concepción, vínculos clásicos discípulo-maestro, rescatando así formas y prácticas antiguas que cohesionan nuestro orden interno, como es el ejemplo de la tríada indoeuropea de antes de la era común, según algunos estudiosos. El asunto de la magia también lo vemos bajo esta óptica cuidadosa y lógica: no pensamos que todos pueden concebirse como magos o guerreros por deseo propio, porque entonces se perdería la esencia de esos roles y su acceso a ellos a través de probaciones, de perfiles y de calidad humana individual acorde a los mismos. Es como orquestar todo un universo que responde a una estructura paleodruídica dentro de la organización pagana, que también debe estar reflejada en cada miembro, en su espíritu y en su realidad profana de manera impecable.

Por otra parte, es esencial hacer notar que no tomamos arbitrariamente del pasado las historias y los mitos, mucho menos los símbolos sagrados para enarbolarlos como bandera; sino, antes que nada, retomamos los códigos, los principios y los modelos de aprendizaje, los cuales aplicamos en nuestra metodología, en nuestra organización y en nuestra vida. Obviamente, todo esto se tiene que reflejar de una manera enérgica y clara en la vida cotidiana: en el druidismo extremo.

Los druidas vamos a contracorriente de las filosofías del modernismo; no creemos que todos sean iguales, pues eso lleva al peligro de la indiferenciación –fuente de complejas crisis existenciales colectivas que encuentran resoluciones irracionales y violentas en el tejido social, encontrando siempre, a resultas de ello, “chivos expiatorios” liberadores–, lleva a la pérdida del sentido y de la riqueza de experiencias; nosotros apostamos por la diferencia, pues ésta provee matices que enriquecen nuestro mundo arquetípico pagano y éste, nuestra realidad inmediata. Mantener viva la Tradición con nuestro espíritu es hacer que Don Quijote cabalgue de nuevo, a través de la inspiración, creando nuevos mitos en vez de replicarlos, mutilarlos y crear conflictos con la confusión.

Finalmente, al ser implacablemente fieles con nosotros mismos y con la realidad que hemos asumido, no existe posibilidad alguna de que cosas extrañas a nuestro pensamiento nos seduzcan o nos confundan, y nos puedan llevar a tergiversar o a perder nuestra línea de trabajo. En este sentido, el proselitismo, el acceso fácil, el carisma popular o las conveniencias de poder económico o político nos son completamente ajenos.

Gorssed México

 

   
   
Orden Druida de México © All Rigths Reserved