Los druidas, nuestros ancestros, son los viajeros en busca de un corazón donde quepa su memoria. Palingenia de Tirnanoge
Los celtas de México somos una rama extraña y extranjera en la conformación del celtismo actual. No hay ligas de sangre, no somos pelirrojos ni caucásicos. No tenemos el folclor y la herencia rica en leyendas y tradiciones de los nacidos en la Céltica histórica. Sin embargo, somos celtas y podemos afirmarlo con bases.
Nos dice Hubert que celta no es un apelativo fácil de encuadrar en la antigüedad, debido a dos factores: que correspondía a varios y diferentes grupos humanos y que no existe ninguna fuente escrita directa que se les pueda atribuir; aunque haya vestigios arqueológicos y menciones a ellos en diversos libros romanos y griegos.
Sin embargo, existe un rasgo característico que define lo celta: la institución druida, “…la constitución del sacerdocio de los druidas, la organización de una sociedad religiosa…hizo del grupo de los pueblos celtas un pueblo coherente.”
Igual que hoy día, nosotros –es decir, la Orden Druida de México–, estamos conformados por grupos heterogéneos con ciertas características en común: espíritu guerrero, afición por las celebraciones, gusto por las buenas comidas, creencias politeístas, respeto a los dioses, ideales comunes, entre muchos otros rasgos. Pero el elemento que, como antaño, nos da coherencia, es el grupo de los Druidas.
…la historia muestra con bastante claridad que el druidismo fue, dentro de las sociedades célticas, un elemento de resistencia contra los romanos en Galia y en Gran Bretaña, frente al cristianismo en Irlanda, y que fue considerado así por la persecución en Galia, por las campañas de los generales romanos contra los santuarios de la Gran Bretaña, por una especie de descalificación en Irlanda. Fue un elemento de resistencia porque fue un elemento de cohesión.
Nuestros Druidas siguen cumpliendo ese papel cohesivo entre nosotros, celtas de costumbre y espíritu, y al mismo tiempo nos permiten convertirnos en elementos de resistencia contra la indiferencia actual, contra el materialismo espiritual, la apatía, la falta de valores, la cobardía y demás males que aquejan al ser humano hoy día. Nuestros enemigos no son más los romanos, ni los cristianos, ni otras tribus; son ahora más peligrosos, tanto que existen en el seno de nuestra sociedad y –en ocasiones– dentro de nosotros mismos. De allí que el papel de los Druidas sea de la mayor importancia en la conformación y mantenimiento de nuestros grupos celtas.
Por otra parte, en la antigüedad, “el papel histórico de los celtas…fue un papel civilizador.” Creemos que nuestros colegios y grupos dan continuidad a ese papel histórico viviendo con poesía, defendiendo un estilo de vida diferente y culto. No por nada la formación de nuestros miembros es de varios años, sobre todo si se interesan en ser druidas. “Los celtas han sido en el mundo antiguo portadores de la antorcha de la civilización…” y nosotros somos sus herederos.
Otro aspecto importante es la lengua, “el principal indicio de celticidad es el idioma”. En este sentido, quizá muchos aleguen que el español no es una lengua celta y tienen razón, no lo es en un sentido estricto, pero sí es una lengua romance que proviene de la familia de las lenguas indoeuropeas y tiene rastros célticos, pues los antiguos celtas se asentaron en partes de la actual España y nosotros –orgullosos mestizos– no podemos negar nuestro pasado español. Pero si se desean mayores pruebas, se puede argumentar que:
El parentesco de las lenguas celtas resulta en primer lugar de la concordancia de sus vocabularios…Las palabras que conocemos de los dialectos celtas continentales fuera de la Galia tienen sus equivalentes…El español gurdus, pesado, tiene como paralelo en galo germano el derivado gurdunicus, en galés gwrdd y en francés gourd. El español acnuna se explica por el galo acina, medida agraria. Muchos nombres propios de la onomástica hispánica se parecen a nombres propios galos o bretones.
De donde se infiere que, si bien el español no es celta, sí tiene raíces en las lenguas indoeuropeas y, por lo tanto, se halla emparentado de alguna manera con las lenguas celtas que, a fin de cuentas, también eran indoeuropeas. Cumplimos, entonces, los celtas mexicanos, con los dos elementos más importantes que identifican a lo celta: la lengua y los druidas. Pero aún existe un tercer elemento, importante porque nos da sentido en el presente: nuestros ideales comunes. Al igual que los celtas antiguos, quienes no tenían una idea de nacionalidad, ni la defendían; pero formaban una unidad profunda de nación y tenían...
…un ideal común, iguales maneras de pensar y de sentir, en una palabra, todo lo que las naciones expresan por medio de símbolos y lo que tienen de más íntimo en su civilización. Los celtas, en efecto, estuvieron…más unidos, más conscientemente unidos por sus maneras comunes de pensar y de sentir, que por su sentido nacional.
Estamos entonces completos, a nosotros nos une ese ideal común, esas formas de pensar y de sentir que nos permiten una continuidad en el tiempo y en el espacio. No una reconstrucción, que no se malentienda; sino un verdadero renacimiento de lo que celta debe significar y evocar en todo momento.
Nosotros no somos celtas históricos; pero por todo lo expresado anteriormente, somos, sin lugar a dudas, celtas en toda la extensión de la palabra, haciendo historia.
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