Si el Druida se sienta recitar, convoca a los elementos.
Si el Druida decide danzar, amalgama a los elementos.
Si el Druida se decide a soñar, teje a los elementos.
Si el Druida se anima a cantar, hermana a los elementos.
Si el Druida calla, lo cobija el universo…porque los elementos son infinitos.
Mientras audaces y serenos revocamos lo precario,
y danzando contemplamos la impermanencia,
y girando atestiguamos el cambio:
nos centralizamos y alineamos lo inesperado.