El compromiso del druida se valora con una sola palabra: previsibilidad.
Para el Druida, la relación con el mundo es divina.
Sus vínculos con la naturaleza son sagrados.
La comunicación con los otros es gozosa.
El diálogo interno es transformador.
El contacto con el Awen es indescriptible.
La conciencia de lo divino es humanizadora.
Cuando hablo de druidismo me lamento de mis palabras:
dicen tan poco de lo que no se
habla…
El druida centralizado en su esencia es como un árbol:
plenamente vivo y asombrosamente quieto;
en sus ramas es totalmente impredecible
y en su raíz, completamente confiable.
Volar es sólo un accidente,
a menos que se conozca cómo despertar el sueño,
a menos que se conozca cómo despertar en el sueño.
Al igual que los druidas antiguos, los druidas contemporáneos somos bastante desconocidos y peor comprendidos entre los conocidos.
La palabra es corazón, es energía en ritmo.
La palabra es infinita, incluso en el silencio.
La palabra es fermento y continúa naciendo,
como invierno o como primavera…